El ruido comenzó a influenciarlos.
Casi sufriendo una metamorfosis, cada uno reaccionaba a su manera.
En un principio se sentían acompañados por el ruido sin tanta soledad.
Porque para algunos el silencio significa soledad.
Unos piensan que la soledad conlleva al silencio, u otros que el silencio conlleva a la soledad.
Sea como sea, comenzaron a desear silencio. Entendieron que por más que existiera ahora el ruido, seguían estando solos.
Unos optaron por seguir su rutina, sin embargo se les hizo imposible después de un tiempo.
Destruyó su paz, la paz de su hogar.
Como típicos seres humanos complicados, no querían irse, habían estado toda la vida allí.
Se encerraron. Alienados, se desprendieron de la realidad.
Luego, se sintieron sin aire y sofocados. Rompieron los muros que construyeron para evitar el ruido y salieron aspirando bocanadas de aire.
A la luz del sol, mientras oxigenaban sus mentes, sintieron el placer de volver a la realidad.
Comenzaron a caminar, con o sin destino fijo, daba igual.
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